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miércoles, 28 de agosto de 2013

Los músculos y el cerebro de Arnold Schwarzenegger

En verdad a muchos les gustaría parecerse a Arnold?? Es proporcional su inteligencia y nivel cultural a su físico? De eso trata de dar respuestas este trabajo de Cuba Sí. Aleccionador y a la vez terrorífico, pero también gracioso.






¿Cómo ser Arnold Schwarzenegger y no morir en el intento?

Escrito por  Giusette León García / Cubasi 

No pocos muchachones añoran el físico fortachón de Arnold y para lograrlo están dispuestos a cualquier disparate, desde inyectarse sustancias, hasta seguir rutinas de entrenamiento arbitrariamente, sin calcular el costo que paga su organismo por ese esfuerzo.


Esa puede ser la pregunta de los diez millones para no pocos muchachones que añoran el físico fortachón y los músculos definidos de Arnold y para lograrlo están dispuestos a cualquier disparate, desde inyectarse sustancias, tema de un trabajo anterior, hasta seguir rutinas de entrenamiento arbitrariamente, sin calcular  el costo que paga su organismo por ese esfuerzo.

Pero, para mí, la cuestión de los millones era otra, quise saber por dónde le entra el agua al coco. Con mi manía de preguntar fui encontrando pistas, la primera, muy vinculada a la actualidad cubana: la apertura de en todo el país de gimnasios particulares. Resulta que la plausible oportunidad de que los cuentapropistas abrieran espacios donde ejercitar el cuerpo, ampliando así las opciones  de este tipo, sobre todo para la juventud, entraña un dilema ¿quién atiende estas instalaciones?

El dedo en la llaga, recuerdo, lo puso Gerardo Luis Montoya, ex deportista de alto rendimiento y titulado en Cultura Física al referirse a los nuevos gimnasios que se han abierto: “Sí abogo porque en cada gimnasio haya un licenciado en cultura física apto para dar consejos a las personas que acuden a esas instalaciones…”.

“Cuando no hay un orientador verdaderamente preparado, generalmente entrenan todo en condiciones anaeróbicas, se concentran en adquirir una fuerza que después no saben a dónde dirigirla, entonces quien sufre es el corazón, les haces una prueba de pulsometría y tienen el pulso como el de un niño chiquito, porque es mucha fuerza y poco aerobio, no son capaces de combinar las dos capacidades”, explicó.

Y fue precisamente el profe Montoya quien nos llevó a pensar en el “gran Arnold”: “Yo lo que les pido a todos los jóvenes es que no se dejen guiar por cualquiera, hay demasiados entrenadores en la calle, muchas personas que te dictan un sistema de entrenamiento copiado de alguien que fue Míster Olympia…”
Resulta que es muy fácil conseguir en internet la rutina de entrenamiento de quien fuera Míster Olympia durante cinco años consecutivos entre 1970 y 1975 y otra vez en el 1980, así como el de todos los que han obtenido tal título en un certamen sobre el que se puede leer en la Wiki online:

“…se celebra anualmente y alberga a los mejores culturistas de todo el mundo. Organizada por la International Federation of BodyBuilding & Fitness (IFBB). Desde sus inicios se le considera la competición con mayor nivel y la que dilucida al mejor culturista del mundo. Los competidores que compiten en este certamen salen de una exigente clasificación previa. Aquellos 20 primeros clasificados del Olympia del año anterior o del Arnold Classic del mismo año, los 10 primeros del Ironman, los 5 primeros de cada una de las competiciones profesionales del calendario o el primer clasificado del campeonato del Mundo Master profesional. Además los que han sido Mr. Olympia tienen el derecho de por vida de poder clasificar.”

Sin embargo, las consecuencias negativas para un cuerpo forzado a cumplir semejante rigor de ejercicios sin tener en cuenta la dieta ni las condiciones individuales pueden ser irreversibles. En las palabras de Octavio Hernández, licenciado en cultura física y entrenador en el gimnasio situado en el Centro Hebreo de La Habana: “El entrenamiento puede ser una bendición para los seres humanos y de hecho lo es, pero mal dosificado puede ser una piedra de tropiezo muy grande”.

“Es muy peligroso, alerta Montoya, que se apliquen un plan de entrenamiento ajeno, que no sabes si es compatible con nuestro clima, con la alimentación de cada uno, con su sistema de trabajo o estudio… esto al igual que las inyecciones de aceites y medicamentos como la testosterona, muestran incultura, ignorancia…”

¿De verdad quieren ser Arnold Schwarzenegger?
 Hablando de incultura, Musculación para principiantes es el título de la página donde encontré la rutina de este súper hombre y de otros por el estilo, pero no solo eso, en el caso de esta celebridad, también hay un enlace interesante: “las mejores frases de Arnold Schwarzenegger”. Las leí y entendí enseguida que el cerebro no es un músculo, ahí les van las “genialidades”:


“Siempre soñaba sobre la gente poderosa. Los dictadores y cosas así. Siempre me impresionó la gente que podía ser recordada por cientos de años. Incluso, como Jesús, siendo recordado por miles de años.”

“Cuando tenía diez años tuve el impulso de que quería ser el mejor en algo, así que empecé a nadar. Gane campeonatos, pero sentía que no podía ser el mejor. Luego trate el esquí, pero sentí que no tenía potencial. Jugaba al fútbol, pero no me gustó mucho, porque no obtenía el crédito por mi mismo si hacia algo especial. A partir de ese momento evite los deportes de equipo.”

Soñaba con dictadores y al parecer no distingue con exactitud entre estos y Jesucristo (asumo que a ese Jesús se refiere) y luego, rechaza el trabajo en equipo tras el egocéntrico empeño de ser el mejor. ¿Todavía quieren ser como este tipo?
Y hay más, la popular Wikipedia divulga que “Schwarzenegger admitió haber usado anabolizante androgénico esteroideo mientras fueron legales”, pero las drogas no pasaron sin consecuencias por su organismo, después de un par de escándalos de los que salió “airoso”,  escogió su imagen contra su corazón y no es una metáfora: en 1999, cuenta la Wiki, Schwarzenegger ganó una demanda contra el Dr. Willi Heepe, médico alemán que predijo su muerte prematura debido el uso de esteroides y a sus problemas cardíacos. En el mismo año, Arnold consiguió un acuerdo con el tabloide estadounidense The Globe, que había hecho unas predicciones similares.

“En 1996, un año antes de la operación de cirugía cardiovascular para reemplazar la válvula cardíaca aórtica, Schwarzenegger defendió públicamente el uso de esteroides durante su carrera como culturista. Schwarzenegger fue operado en 1997 para reemplazar una válvula cardíaca, los expertos le recomendaron poner una mecánica, él se negó porque no podría entrenarse después de la operación.”

Y entonces ¿cuántos quieren ser Arnold Schwarzenegger? Enhorabuena si decidieron pensarlo mejor, porque el mercado, el implacable, no cesa de vender engañosos atajos como el que el lobo le ofreció a la Caperucita, ahora mismo apareció en la red una tal Mighty Raspberry Ketone, suplemento muscular que supuestamente usan los famosos, atletas profesionales y actores de Hollywood y que promete “abdominales como tabla de lavar en solo 1 mes” recomendado por alguien no tan célebre, pero seguramente muy bien pagado que asegura haberlo probado personalmente, en fin, que la máquina de producir  “Arnolds” en serie no tiene intenciones de parar.

Mejores ejemplos...

Sobre las buenas prácticas también estuve averiguando y me encontré con la experiencia de Belkis Borboned, dueña del gimnasio ubicado en el Centro Hebreo, uno de los más antiguos en este negocio:

“Todos los entrenadores que trabajan aquí son licenciados en cultura física, han sido deportistas, tienen experiencia y preparación, pero además de eso han seguido superándose y preparándose está como reglamento interno del gimnasio que no se permite el consumo de ningún medicamento que no sea por prescripción facultativa, ningún entrenador está autorizado a recomendarle a ningún cliente el consumo de ninguna sustancia ni anabólico, ni esteroide.

“Además, cuando la persona entra al gimnasio se le pide un certificado médico que avale que está en condiciones de hacer ejercicios con pesas, es uno de los requisitos que me exigen la Onat y el Inder para aceptar los clientes, por otro lado se les hace una entrevista inicial donde se indaga en cualquier padecimiento que tenga el cliente, alguna recomendación médica, todo se deja plasmado en una planilla de manera que cuando el entrenador los atiende conoce sus antecedentes físicos y de salud para sobre esa base y los intereses del cliente, organizar una rutina personalizada.”

Ojalá suceda del mismo modo en todas las instalaciones de este tipo, pues resulta lo más coherente con lo que los especialistas resumieron como buenas prácticas, aquí les van los consejos:

El de Jorge Fonseca, quien fue deportista precisamente en la disciplina de pesas y en estos momentos ejerce como entrenador en el mencionado gimnasio, afirma: “lo que recomendamos nosotros para mejorar el aspecto y la forma física es hacer ejercicios bien dosificados, bien dirigido y acompañarlos con una buena alimentación y suplementarla con vitaminas, aminoácidos, creatina, siempre con previa consulta médica, porque el ejercicio implica un gasto calórico y energético.”

Según el criterio de su colega Octavio Hernández, se trata de “la combinación de tres elementos principalmente, el primero una correcta nutrición para mí es un porciento muy elevado de la mejora física, el segundo, los trabajos cardiovasculares, o sea ejercicios como el aeróbico musical, el spirit, la carrera, la natación de larga distancia, cualquier tipo que tenga que ver con el aerobic en general, que aumentan la capacidad física, pero también mejoran el rendimiento cardiovascular y facilitan el entrenamiento con las pesas, que es el tercer elemento porque aumenta la tasa metabólica, el costo metabólico, incrementa la masa muscular y disminuye el porciento de grasas.”

El matancero Gerardo Luis Montoya considera: “Primero que todo deberíamos hacerle una prueba de eficiencia física a esos muchachos, hacerles ver que todo no es tener los brazos gordos, sino que debemos tener el cuerpo completo atlético y marcarles como modelo una figura atlética. Para establecer una rutina hay que partir de la alimentación, del descanso, de las tareas que tú haces diariamente, del tipo de trabajo que realizan. Necesitamos estudiar lo que vamos a hacer…” 

lunes, 26 de agosto de 2013

Aceite de maní ¡qué fuerte!


 Escrito por  Giusette León García / Cubasi

Con ritmo y banalidad lo escuché hace poco en una máquina de diez pesos, entre La Habana y el Vedado no soy capaz de recordar las veces que me golpeó el cerebro como una letanía: aceite de maní. Sin embargo, confieso que no le puse asunto a la letra de aquel reggaetón que me incluían en el
Solo unas semanas después, durante un taller sobre la violencia en la música que impartió el profesor Julio César González, escuché con conciencia la letra burlona de aquel tema y me desayuné entonces con la triste realidad: cada vez más adolescentes y jóvenes violentan su propio cuerpo con inyecciones de aceite, de maní, de girasol, o de lo que aparezca, para exhibir músculos prominentes más rápido.
Efectivamente, acortar el tiempo necesario para verse fuerte, que no para serlo, es el móvil, me lo confirmó un muchacho que no quiso decir su nombre y no insistí porque no es importante, llamémosle Luis, Andrés, Yuniesky, cualquiera de los tantos que hoy mismo podrían estar autodestruyéndose y a los que este amigo quiere contar su historia.
“Yo me enteré a través de los mismos socios que hacíamos ejercicios juntos, uno llegó y dijo que si querían subir rápido se pusieran aceite, averiguamos un poco y nos dijeron que era peligroso, pero como vimos que subía rápido no nos importó. Nos inyectábamos un aceite que se llama Az de oro, porque decían que del “yuma” traían uno que era mejor y valía diez dólares, pero ese nunca apareció. Nos inyectábamos, por ejemplo, lunes, miércoles y viernes y te subía media pulgada por día. Éramos dos y nos inyectábamos entre nosotros mismos, hay quien se ponía diez cc y otros se ponían 20cc, así durante un mes”.
¿Usted vio la jeringuilla de 20 cc? Casi una onza, alcanza y sobra para freír un huevo. Pues una de esas enterita, llenita de aceite comestible, inyectado por cualquiera directamente en los bíceps y tríceps de un muchachito que no llega a los veinte. Fortachón se debe haber visto por unos días o quizás ¿unos meses?
“Como a los cinco meses de inyectarme me empecé a sentir decaído, tenía fiebre y no se me quitaba así que fui para el hospital, pero no dije nada del aceite, me trataron con antibióticos y a los tres días me mandaron para la casa. Pero como tres días después me empezó de nuevo la fiebre y el malestar ahí sí fui y le dije al médico que me había inyectado aceite, entonces me tocó los brazos y me dijo: hay que operar…”
El doctor Raúl Perera Ruiz es residente de ortopedia del Hospital Provincial de Matanzas y ha dicho esas palabras varias veces, así que entre cirugía y cirugía no dudo en dedicar unos minutos a conversar sobre este tema, siempre con la esperanza de que la información ayude a tener que repetirlas menos.
“El paciente llega con aumento de volumen en el músculo, con aumento de la temperatura local, con impotencia funcional, es decir no puede movilizar el músculo por el dolor, con fiebre por la propia celulitis química y el procedimiento no es otro que operar, incisión y drenaje. Cuando se hace la intervención no vas a extraer casi nunca pus, vas a extraer ese aceite que está acumulado en el músculo, entonces casi nunca basta con una primera intervención, hay que reintervenirlo varias veces. Y la segunda intervención ya no será igual que la primera, pues ahí tendrás que quitar parte del músculo necrosado que está muerto, se murió, no lo puedes dejar ahí”.
No sé si tendrá que ver con aquello de que agua y aceite no ligan y nuestro cuerpo está formado en gran parte por líquido, pero el doctor Perera asegura que no hay manera de el organismo absorba los malditos 20 mililitros de aceite de modo que se acumula en el músculo y “… eso produce una celulitis química, no es una celulitis infecciosa que los pacientes llegan con pus dentro del músculo, no, esto es una celulitis química que lo que provoca es la destrucción del músculo. Realmente esto es un proceso largo, hay pacientes que se inyectan el aceite y aproximadamente a los dos o tres meses comienzan con esta celulitis que les puede durar hasta años de evolución, porque como el aceite apenas se absorbe continúa haciendo daño en el músculo.”
“¿Consecuencias futuras? Ese músculo deteriorado por completo por el efecto de ese químico, el lugar donde se inyecten, que generalmente son los bíceps y los tríceps, ese músculo se va a debilitar completamente, va a perder un gran porciento de la fuerza muscular, estéticamente todas esas incisiones en la piel le van a producir deformidades en esa zona. Cuando mejor sales es solamente operarlos, incisión y drenaje, pero hay casos que han llegado hasta la amputación del miembro porque ya sí se pueden complicar con algunas infecciones o pueden hacer una osteomielitis, además llevan altas dosis de antibióticos, lo cual disminuye las defensas del organismo, te predispone a otras infecciones en otras partes del organismo y nosotros hemos tenido caso que han tenido que parar en terapia intensiva.”
Parece que, a pesar de sus dos intervenciones quirúrgicas y las muchas cicatrices que ahora disimula con llamativos tatuajes, nuestro amigo tuvo suerte, pues se escapó al dolor como síntoma, me cuenta que “el socio que cayó primero que yo fue por dolor, unos latigazos que no podía soportar, imagínate ese aceite ahí lo que hace podrirte” y escapó también a otro de los riesgos que nos comentó el especialista:
precio del taxi, aún sin mi consentimiento.
 “Generalmente el aceite lo inyectan personas que no están preparadas para eso y se inyecta a ciegas, porque se hace bajo ultrasonido ni mucho menos, o sea que no puedes ver exactamente dónde estás inyectando el aceite, de modo que cualquiera introduce la aguja y lo inyecta lo mismo en la fascia, que en el tejido celular subcutáneo, que dentro del músculo o que puede incluso puncionar un vaso sanguíneo e inyectar aceite en un vaso sanguíneo y eso es  fatal, por eso desde que se están inyectando ya las consecuencias pueden ser graves.”
Y ahora yo me pregunto ¿tanto peligro solo para lucir fuerte? Todo parece indicar que sí, que el efecto es únicamente “lucir”, “parecer”, pero para no dejar cabos sueltos, le pregunté a varios entrenadores, licenciados en cultura física, el primero de ellos  trabaja en el gimnasio que radica en el Centro Hebreo, en el Vedado capitalino.
Su nombre es Jorge Fonseca y confirma: “nosotros no lo recomendamos, en este gimnasio todos los entrenadores estamos completamente en contra de eso, porque uno que ha estudiado y conoce un poquito la fisiología del organismo sabe que el cuerpo hace rechazo a esas sustancias, que no las asimila y además no le aporta nada al entrenamiento, la fuerza o la resistencia del músculo, es solo un aspecto visual que, en mi opinión, ni siquiera se ve tan bien, no sé por qué lo siguen usando”.
Su compañero, Octavio Hernández, también Licenciado en Cultura Física, agrega: “Este tipo de procedimientos es incorrecto, porque en primera estás atentando contra tu salud, que es lo que más perseguimos con el entrenamiento, por lo menos en este gimnasio siempre se promueve más la salud y que la gente pueda ir mejorando su autoestima a través de mejorar su físico, pero en función de la salud principalmente: el descenso del peso graso, el incremento de la capacidad física…
A nada de eso ayudan esas prácticas que están promovidas por lo que la gente ve en las revistas, el ideal que a veces los muchachos tienen, existe una rama del deporte, si es que se le puede llamar así, el culturismo o físico culturismo, que promueve el gigantismo en cuanto a la masa muscular y hay un campeonato que se denomina la elección del Míster Olympia, donde la gente compite por la amplitud de la masa muscular, la simetría y mientras más grandes más posibilidades tienen de ganar un torneo y estas son las personas que los muchachos quieren imitar, cada vez quieren tener los músculos más grandes a costa incluso de la salud.”
 El matancero Gerardo Luis Montoya, ex deportista de alto rendimiento y titulado en Cultura Física, también es categórico: “Estos adolescentes que acuden a esta “musculación sintética”, como le digo yo, tengo entendido que se inyectan directamente al músculo, pero nada tiene que ver con un desarrollo favorable del músculo, lo que consiguen es una masa de grasa que toma la forma del músculo y logran lucir por un tiempito chiquito, hasta que el cuerpo comience a hacerle rechazo a esa sustancia que no puede absorber un poco más robustos, no fuertes, porque ser fuerte es otra cosa.
 seguidamente pone el dedo en otra llaga: abogo porque en cada gimnasio haya un licenciado en cultura física apto para dar consejos a las personas que acuden a esas instalaciones, porque no hay nada más lindo que el día a día, incorporar el ejercicio para toda una vida y no simplemente porque viene el verano, o porque llega mi primo de afuera que está fuerte y yo quiero estar fuerte igual que él y a esa hora es que voy a un gimnasio. Una vez que logremos incorporar un entrenador o un preparador físico en cada gimnasio, ya la idiosincrasia o el criterio que tienen las personas sobre los ejercicios cambiaría, podríamos hacerle entender a esos muchachos que no se trata de tener los brazos gordos, sino de tener un cuerpo atlético...”
 Esta historia comenzó precisamente en un gimnasio, donde “alguien” les recomendó a los muchachos inyectarse y ellos aceptaron pues, “para subir una pulgada, necesitas un año y con el aceite te ves fuerte enseguida” y, por cierto, fue en uno de los nuevos gimnasios particulares, pero esa, aunque no es harina de otro costal, merece ser materia de otro trabajo. Por lo pronto,  les cuento que nuestro amigo no está orgulloso de lo que hizo, pero si aprendió la lección:
“A nadie le recomiendo eso, si voy a hacer un cuento es el de todo lo que me pasó, pero no hablo de cómo hacerlo, a los que han venido a verme les digo que no me pregunten nada porque eso no sirvió. Yo corrí mucho riesgo y no quisiera que nadie pasara por lo mismo que yo pasé, no me sirvió de nada, fue solo una mala experiencia que adquirí.”