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miércoles, 7 de marzo de 2018

Curiosidades de La Habana en su Historia Municipio La Habana Vieja



Se corresponde con la parte más antigua de la provincia La Habana, Cuba. Único espacio que abarcó la ciudad durante los primeros siglos coloniales, donde tienen asiento las fortalezas y otros grandes monumentos antiguos, que la convierten en uno de los conjuntos coloniales más ricos de América Latina. Su centro histórico urbano es Patrimonio de la Humanidad. Fundada por los españoles como la villa de San Cristóbal de La Habana el 16 de noviembre de 1519, es una de las ciudades más antiguas erigidas por los europeos en el hemisferio occidental. Ya para el Siglo XVII la ciudad se había convertido en uno de los principales centros de comercio y construcción de barcos en el Caribe. Aunque en la actualidad la ciudad se ha convertido en una gran megápolis de aproximadamente 2 148 132 millones de habitantes, su antiguo centro mantiene sus grandes fortalezas, una interesante mezcla de monumentos barrocos y neoclásicos, calles estrechas, viejas casas con arcadas, balcones, portones de hierro forjado y patios interiores de gran interés histórico, que constituyen bellísimos ejemplos de arquitectura, convirtiendo a esta ciudad en uno de los conjuntos coloniales más ricos de América Latina.
Su historia abarca tres períodos fundamentales, que están claramente reflejados en el paisaje urbano, período colonial español (1519 a 1898), período neocolonial norteamericano (1898 a 1959), y el período revolucionario (de 1960 a la fecha). El colonial, que duró casi 400 años, dotó a La Habana de la gran cantidad de edificaciones que hoy la distinguen, y que ha llevado a la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) a declarar el centro de la ciudad, La Habana Vieja, como Patrimonio Cultural de la Humanidad, en 1982.
El municipio La Habana Vieja es uno de los más pequeños de La Habana. Tiene una extensión de 4,32 Km2, y su territorio está dividido en 7 Consejos Populares llamados Prado, Catedral, Plaza Vieja, Belén, San Isidro, Jesús María y Talla Piedra. Contiene al Centro Histórico de la Ciudad, que, territorialmente, abarca casi el 50% de la superficie municipal (2,14Km2), aunque en materia poblacional alberga al 66.1% de los residentes municipales. La Habana Vieja limita por el norte con el Malecón habanero; por el sur, con los municipios de San Miguel del Padrón y Diez de Octubre; por el este, con el municipio de Regla y la Bahía de La Habana, y por el oeste, con los municipios Centro Habana y el Cerro.
Es una de las zonas más turísticas de La Habana, debido, en gran medida, a la restauración y conservación de su arquitectura colonial. Cuenta con una variada oferta cultural y gastronómica, que va desde restaurantes de todo tipo, bares, cantinas y famosos centros nocturnos. También se encuentra una red de librerías, museos y tiendas.
(Con información de Ecured)
Clara Luz Domínguez Amorín












lunes, 19 de septiembre de 2016

El bosque de la esquina

Nuestro bosque.
Los bosques son naturaleza viva, verdor, fresco, existencia; incluso, los pequeñitos, como el que tengo el privilegio de disfrutar al lado justo de dónde vivo.
En casi el centro de La Habana, municipio Plaza, existe este terreno semejante a selva pura que contemplo desde pequeña, pues, afortunadamente, a ningùn sesudo destructor del medio ambiente se le ha ocurrido la idea de eliminarlo para hacer cualquier edificación.
Basura tirada al pie de un árbol y ya ocupa hasta la acera.
Aunque, en los ùltimos meses (o años), aquella frondosidad de árboles ha mermado, partes del terreno están desoladas, y en lo más espeso, tropezamos con olores repugnantes, producto de animales muertos dedicados como ofrendas a la religión afrocubana o yoruba. Que conste, nada tengo contra una fe propia de nuestra idiosincrasia y raíces afro, siempre y cuando sea con orden y no afecte el medio ambiente.
Pero hasta este punto, era soportable, ya ahora están convirtiendo un extremo y la acera en basurero de los edificios con los cuales colinda, y no comprendo cómo en lugar tan céntrico y donde sí que existen latones para los desperdicios y además los recogen, las personas pueden ser así de negligentes.
Hoy, iba con mis perros (los paseo por ese bosque todos los días) y lo que vi me dejó  congelada, bajo la sombra de uno de los árboles, entre desperdicios, !ropa interior de mujer!,  creo que llegamos al colmo. Qué hacer?





sábado, 23 de noviembre de 2013

El hechizo azul de La Habana

Recorrido.
La Habana es azul... Hacía bastante tiempo que no recorría el litoral habanero. Es que nos envolvemos en el trabajo, las preocupaciones, la economía tan floja que duele en los bolsillos de la mayoría de los cubanos, los inventos en la cocina para salvar al estómago de la familia, etc,  y se nos hace corto el tiempo para darnos esos pequeños placeres de fácil acceso y, sin embargo, tan apetecibles y plenos para el espíritu y el alma.
Sin palabras: Hermoso!!
Por eso ayer lo disfruté tanto. Fue por cuestiones de trabajo, pero pude recorrer, -en auto, claro- todo el Malecón y más allá del Túnel de la Bahía, donde ya no hay muro y las olas rompen  contra la roca del litoral. No me alcanzaban los pulmones para respirar todo lo que quería, ni la vista para apresar suficientemente esos momentos.
Respira!!!!!!!!!!!!!!!!! y contempla!!!!
Entrada del Túnel de la Bahía de La Habana.
En mi mente vagaban ideas de ensueño y de añil, y recordaba el color de nuestro equipo insignia: Industriales; el de nuestro cielo y de ese mismo mar... La Habana es azul como los amores y romances, como los sueños satisfechos, como el abrazo que da a hijos naturales y  adoptados.
Enamorados, pequeños que juegan, jovenes y n  otan jovenes ofrecen su música a ese mar desde el muro.
Ya en la noche suenan la guitarras.

Esta ciudad es embrujo y sortilegio, apresa para siempre a quienes viven, pero también a aquellos que la visitan. Podrán existir capitales hermosas en el mundo, sitios memorables... pero La Habana es única y yo no sería capaz de vivir sin esta azul ciudad.


 

sábado, 20 de julio de 2013

Por amor a una dama añil




Nota: Hace un tiempo escribí este trabajo para Tribuna de La Habana, el semanario en el cual trabajo, por su actualidad y por el amor hacia esta ciudad,  lo comparto ahora en mi blog.

Por: Clara Luz Domínguez 

El hermoso Malecón.

(…) Si mis ojos te abandonaran, si la vida me desterrara a un rincón de la tierra, yo te juro que voy a morirme de amor y de ganas, de andar tus calles, tus barrios y tus lugares (…)”; “Habana, hermosa Habana, lindo es tu Prado, lindas son tus calles, bello es tu mar (…)”; (…) Si no existieras, yo te inventaría (…).”

Poetas y artistas, a través del tiempo, se han inspirado en nuestra azul ciudad para derramar lirismo y sentimiento. Fayad Jamís, Gerardo Alfonso, Los Zafiros… entre otros muchos, se dejaron conquistar por la musa que emerge del mar y, como guardiana feroz, la custodia; entonces, atrapados en la magia de sus contrastes, se rindieron ardientes a regalarle el mejor verbo nacido del corazón.
El parque de John Lenon.
No solo pensaban en la antigua Habana, la del centro histórico y antiquísima hermosura, ni en las anchas avenidas de Miramar, ni en el disfrute del siempre deseable y largo muro abrazador bañado por las aguas del mar (el Malecón o “sofá de la añoranza” como lo llamó un colega, quien se declara su eterno enamorado), sino en cada barrio, callejuela, graffiti, pared derrumbada, parque y solar…
Y es que el embrujo irradiado por ella envuelve a hijos naturales y adoptivos, pero también a foráneos, quienes al dejar su rastro en los andares, vuelven una y otra vez a por más del hechizo. Por eso causa profundo dolor el ver descuido, indolencia, abandono; provoca pesar contemplar a los que debieran además de amarla, protegerla y, sin embargo, tiran basura por doquier, rompen bancos en los parques, escriben obscenidades en paradas, vulgares letreros en paredes, profanan monumentos, embadurnan estatuas, arrancan flores y plantas, cuelgan jabas de basura en árboles cual adornos de una sucia navidad…
El Templete.
También enoja la dejadez y acomodamiento de algunas empresas e instituciones, las cuales lejos de preservar la pulcritud y el cuidado para el bien común, simplemente, con total despreocupación, abandonan calles rotas, salideros convertidos en lagos, obras mal acabadas, donde al arreglar un desperfecto crean otros y es mayor el daño causado que el beneficio. Es tiempo de tomar cartas en el asunto, despertar conciencias, aplicar serias medidas si necesario fuera, mostrar el costo para el país de cada arreglo, reparación, de cada ladrillo y bloque utilizado en la mejora del entorno y educar en valorar el esfuerzo.
Es tiempo de que cada obrero, trabajador, ama de casa…, en fin, cada individuo residente o visitante en nuestra Habana, no solo clame su orgullo apasionado por la dama vestida de añil, sino, además, la respete, vele por su suerte y la defienda con nobleza combatiente en todos sus rincones. Yo, por mi parte, adoro su hidalguía palpitando en mis raíces, tanto, que solo el aire aspirado en ella es aliciente para mis pulmones, por eso, haría todo para vislumbrarla impecable. Que conste, amigo, ¡lo digo sin chovinismo!