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| Nuestro bosque. |
Los bosques son naturaleza viva, verdor, fresco, existencia; incluso, los pequeñitos, como el que tengo el privilegio de disfrutar al lado justo de dónde vivo.
En casi el centro de La Habana, municipio Plaza, existe este terreno semejante a selva pura que contemplo desde pequeña, pues, afortunadamente, a ningùn sesudo destructor del medio ambiente se le ha ocurrido la idea de eliminarlo para hacer cualquier edificación.
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| Basura tirada al pie de un árbol y ya ocupa hasta la acera. |
Aunque, en los ùltimos meses (o años), aquella frondosidad de árboles ha mermado, partes del terreno están desoladas, y en lo más espeso, tropezamos con olores repugnantes, producto de animales muertos dedicados como ofrendas a la religión afrocubana o yoruba. Que conste, nada tengo contra una fe propia de nuestra idiosincrasia y raíces afro, siempre y cuando sea con orden y no afecte el medio ambiente.
Pero hasta este punto, era soportable, ya ahora están convirtiendo un extremo y la acera en basurero de los edificios con los cuales colinda, y no comprendo cómo en lugar tan céntrico y donde sí que existen latones para los desperdicios y además los recogen, las personas pueden ser así de negligentes.
Hoy, iba con mis perros (los paseo por ese bosque todos los días) y lo que vi me dejó congelada, bajo la sombra de uno de los árboles, entre desperdicios, !ropa interior de mujer!, creo que llegamos al colmo. Qué hacer?